RECOMENDACIONES DE VERANO
martes, 9 de agosto de 2016
martes, 1 de marzo de 2016
Anselmo Gómez y sus "Amores pusilánimes"
EL AMOR
SEGÚN ANSELMO
“¿Dónde guardas un trozo de aroma, para mí? He
apurado los últimos besos. El polvo de mi pecho es un bello monumento a tu
recuerdo. Me comería hasta las piedras si tuviera la certeza de hallarte
debajo.” (76)
Con esta contundencia nos habla Anselmo Gómez
del amor, del cuerpo y el espíritu del amor en Amores pusilánimes (Premio Novela Erótica Villa de Gerena, Autores
premiados, 2016). Parece haber recordado el significado latino de amor, más cercano a la sensualidad del
deseo que a las efusiones de los sentimientos. Las cosas del amor –diría Jaime
Gil de Biedma– son del alma, pero un cuerpo es el libro en que se leen.
Necesaria, por tanto, la contundencia en el discurso, la volubilidad de las
formas, el erotismo y la crema de las sensaciones descritas. Porque no creo que
haya en el mundo nada más difícil que describir un cuerpo humano con palabras.
Tal vez atreverse con el alma del hombre. Se resisten a entregarse al que
escribe. Se resiste la carne, en su voluptuosidad y en su materia, a ser
recogida en los signos baratos con que decimos las cosas. Tal vez, porque el
cuerpo no es una cosa más, porque el cuerpo en sí ya es una comunicación, alada
sin duda. También porque puede ser mucho más: un éxtasis, una fragilidad, una
extensión del alma, un milagro, un pecado, una porción de infinito. La medida
del universo, en fin. De esta dificultad y de este peligro fueron conscientes
los artistas del Renacimiento, los mismos que situaron al Hombre en el centro
del círculo y el cuadrado, como epifanía, como resurrección, como alcance
sublime, como encuentro y origen de todas las cosas. Si Miguel Ángel o Leonardo
se rompieron las crismas buscando esa humanidad en el mármol –“¿Por qué no
hablas? Habla, perro.” le gritó Miguel Ángel Buonarrotti a su Moisés después de
golpearlo con un martillo en la cabeza-, creo que más ardua es todavía la labor
de quien pretenda esculpir en lenguaje el cuerpo de la mujer. La donna angelicata de Petrarca o Dante exigió
la invención de un lenguaje nuevo, el del amor cortés sublimado, incendiado de
metáforas y símbolos que rindieran la naturalidad del ser, aún no superado en
la definición del amor y los bienes que lo acompañan. Ni siquiera Lope, en el
famoso soneto, se atrevía a ceñirse a un solo lenguaje para cercar el cuerpo,
la idea, y expresaba su confusión. Por todo ello, siempre me ha parecido
imposible contar los deleites de la carne, las formas del espíritu para el
amor.
miércoles, 27 de enero de 2016
EL ORDEN DE LOS SUEÑOS DE JOSÉ CERVERA
EL ORDEN DE LOS SUEÑOS
DE JOSÉ CERVERA
Para una lectura de El pequeño corredor y otros cuentos
En el
redondo, en el vertiginoso girar de las ruedas de esta bicicleta de El pequeño corredor y otros cuentos (La fea
burguesía, 2015) de José Cervera se
esconden algunos de los grandes secretos de la literatura. De forma incesante orbitan los relatos en
torno a las ideas de conciencia, imaginación, justicia, verdad. Los signos
están en rotación, como quería Octavio Paz. La vida, también. Por su parte, la
literatura no es otra cosa sino esta pedalada que sostiene los cables sobre el
abismo en su pura aspiración a crear un mundo nuevo a cada vuelta de la rueda,
del otro lado.
El
lenguaje, la ficción: ese es el mundo al que pertenecemos. No hay tal vez otra
patria que esta del lenguaje, que esta de la creación. En el círculo ficcional
de las palabras, en su intento de ser algo y de ser algo más, el lector crece,
oscila hacia sus adentros, se reconforta en la imagen que de sí mismo encuentra
en la historia que está leyendo. Una y otra vez el mundo se ensancha y se
extiende en las palabras del escritor, que hace de su inclinación y su deseo una
verdad. Un momento sublime, un resplandor anima los fuegos posibles de la
creación: de la nada surge la idea y se acaba convirtiendo en un todo, redondo,
incesante, caleidoscópico. Escribir es fundamentalmente un acto heroico. Leer,
desentrañar, confundirse en el lenguaje del otro, también es un heroísmo.
lunes, 28 de diciembre de 2015
LA CIUDADANÍA POÉTICA DE PABLO GARCÍA CASADO
LA
CIUDADANÍA POÉTICA DE PABLO GARCÍA CASADO
Hacia García
1.
SOBRE
LA PULCRITUD DEL REALISMO SUCIO
No es una paradoja lo que anuncio como
punto de partida de estas reflexiones sobre la poesía de Pablo García Casado y
su último libro, García. Lo que en la
literatura norteamericana y luego en la occidental se llamó “realismo sucio” (cerca
del realismo social-existencial, el documento underground, la crónica poética
urbana o el naturalismo crítico) atesora algunas de las cualidades que definen
un producto literario como pulcro. Los textos de esta tendencia proceden de una singular depuración de las formas, de la
reducción a lo esencial de los elementos retóricos del relato o el poema (que
suele ser narrativo). Creo que las canciones de Ramones pueden ser un buen
correlato musical de lo que intento explicar: una actitud punk, directa, desnuda ante la lengua y el mundo. Esta esenciación
deriva en ocasiones en un minimalismo descarnado. No hay lugar para lo espurio
o lo superfluo. Se va a la raíz del asunto desde el primer momento y al final
no hay una amplia cola delicuescente de pavo real: solo el portazo que sella el
poema. A esto hay que añadir la sobriedad, la parquedad, la precisión en el
lenguaje. Se diría que el poema realista sucio procede por condensación, como
las gotas que corren por las ventanillas del coche en invierno. Esta
condensación y la concisión argumental, estructural, lingüística se
complementan furtivamente con el sentido extra, imprescindible, que el contexto
y el lector aportan con abundancia y complicidad, y que acaba lanzando los
textos a una profundidad desconocida y a una rotundidad imparable. Tras leer
uno de los cuentos de Raymond Carver, por ejemplo, queda la sensación de que
algo se te ha escamoteado, que te lo han dicho entrelíneas, pero que ya lo
sabías, por supuesto que lo sabías: estaba dentro de ti antes de empezar a
leer. Hay en esa aparente simplicidad mucha fiereza existencial. Despojar al
relato o al poema de lo accesorio es reconocer en él una pulsión mucho más
fiera, nuclear, la que no necesita palabras de más, la que se basta y se sobra
en su intensidad, en su vitalidad para activar un movimiento de conciencia. Así
en la poesía de Pablo.
jueves, 3 de diciembre de 2015
Tres poemas de BARBARIE
Barbarie ─XIX Premio Alegría de Poesía del Ayuntamiento de
Santander, en una selección de finalistas de muy alto nivel y excelencia
literarios─, es título que, en conjunto,
refleja no sólo el tono vitalista, desarraigado y desolador que el poeta
descubre en la existencia humana, sino una manera de acercarse críticamente a
determinados temas de la misma realidad circundante, siempre en una continua
búsqueda del autor por encontrarse a sí mismo.
Sin que
pierda en ningún momento la emoción, en el libro destaca tanto el entramado de
culturalismo y cotidianidad como la gran soltura de García Cerdán en el manejo
de los aspectos metaliterarios ─sus
lecturas, los autores que él admira─, un metalenguaje poético abierto siempre al concurso
del lector, a una visión colectiva de la realidad.
-Carmelo
Guillén, director de la Colección Adonáis-
Hey Hey My My
—Neil Young—
lunes, 28 de septiembre de 2015
Los hermosos engaños diarios. Palabra de Dionisia García.
Los hermosos engaños diarios
Palabra de Dionisia García
Largos son los pasos que ha
recorrido el poema de Dionisia García desde aquel inicial El vaho en los espejos de 1976. Largos, por el tiempo pasado –que
es siempre un tiempo líricamente vencido, conquistado–, y largos, por su
continua y enérgica costumbre de cantar la vida y apresarla por un momento en
las palabras.
Incansable la vida.
Tanto mundo no cabe en el poema.
Incansable su cantar, también,
testimonio de una hermosa tensión entre vida y lenguaje, sostenida con
brillantez durante todos estos años. En el centro de este devenir poético nos
encontramos con una mujer que deja a su paso una poesía digna de admiración,
cumplida y cabal. La palabra cumplida de Dionisia es la palabra que, con
paciencia de orfebre, destilada, nos ofrece libro tras libro, día a día. Su
promesa poética se cumple en los ojos del lector desde una cercanía acogedora,
susurrada al oído, escrita sobre el espejo bruñido de los sueños diarios.
En los ruidosos tiempos por
que corre la poesía contemporánea –mucho ruido y pocas nueces, repetición,
cacareo, falta de verdad- aún es más elogiable la lección con que Dionisia
García nos llega en cada libro nuevo. La suya es la lección de la mesura. Esta
horaciana virtud acompaña su poesía desde sus primeros libros y es una
obligación a la que atiende con entrega cautelosa. Mesura en el mirar y en el
decir, equilibrio de las ideas, pulcritud formal son cualidades esenciales de
su obra. Y adquieren un brillo especial, en tanto traducen una intensidad muy
limpiamente recogida, una mirada muy limpiamente puesta dentro de sí misma y
sobre el mundo. La suya es una espléndida elegía que canta la pureza del
recuerdo, la plenitud del instante, el infortunio y el dolor del otro. Se
podría decir que la poeta pone sus manos sobre las cosas y las tienta y las
reconoce –aun a oscuras- y las incendia desde una palabra justa.
Entendamos mesura, entonces,
como la virtud que consiste en sacrificar lo espurio, lo abigarrado o lo desnaturalizado
en el poema, atendiendo solo a la verdad, desechando el exceso. Así se despoja
el lenguaje de todo lo superfluo.
Quiero decir del tiempo, más agrandado ahora.
Su delirio no cesa ni concede.[1]
Así se aloja medularmente la
mesura en la propia idea de poesía y en los valores estéticos y morales que
entraña. Concebida como una claridad densa, cargada de sentido, de una
metafísica alcanzada en lo cotidiano, en su obra hay una clara preocupación por
la hermosura del mundo, por el paso del tiempo y su insolencia, por la memoria
que nos hacer ser quienes somos y, finalmente, por la palabra que nos dice.
¿Todo es cierto y ha sido, o está siendo?[2]
Y también nos encontramos
frente a la palabra de quien denuncia el agravio, se amotina ante la barbarie y
el caos que llaman progreso, y se avergüenza de la guerra y de las guerras.
Elegía y conciencia, intimidad
y condolencia humana. Sobre estos sólidos pilares ha hecho suyo un lugar
propio, impecable en nuestra poesía. Dionisia ha llegado hasta ahí desde la
constancia en el trabajo bien hecho, desde la templanza, con tesón y fe ciega
en las posibilidades tranquilas, sólidas del poema. Todo un logro este de
sacrificar lo ilegítimo y quedarse con la luz, la sensatez y la gracia de este
oficio de luz.
Me referiré con brevedad a El engaño de los días[3],
uno de los libros con que se cimientan en profundidad sus capacidades poéticas
y un buen ejemplo de lo que es su poesía en los últimos tiempos. En El engaño de los días encontramos a una
poeta que opera –como en Señales (2012)
o Lugares de paso (1999)– con
plenitud y rotundidad, entre el lirismo y el pensamiento, volviendo a las
antiguas obsesiones y a las pasiones de siempre. Lo hace desde una maestría
colmada, que desborda y convierte el poema en recinto sagrado donde se ofician
las inmensas posibilidades de la emoción, la inteligencia y la música.
Las noches ya son largas y cede la memoria
para traer de atrás el jugoso delirio,
que fue flamante acopio de un tiempo lento y claro.[4]
Es especial en este libro –como
en todos los suyos– la relación de la poeta con su poesía. Entre ellas
–Dionisia y la poesía– se extiende un territorio común de confidencias,
secretos y revelaciones.
Quien allí está no aguarda el paso de las horas,
ni tampoco mayores beneficios,
fuera de detener sus propios pensamientos[5].
Es este el ámbito de la
intimidad más fecunda. Es el terreno de la reflexión y de los silencios, de la
contemplación y del amor dicho en voz baja, del disfrute compartido de la
naturaleza y de la escapada del tiempo, tan grande, tan perturbador, tan
presente.
El libro se abre,
sentenciosamente, con el poema “Sombra”. En él se atreve Dionisia a regresar al
poema, una vez más, como quien vuelve al lugar acostumbrado. En este regreso,
que es siempre el primer encuentro, el primer hallazgo, hay una llegada al
tiempo en que poeta y poema existen y a la memoria en que hemos ardido.
Al regresar prefiero traer lo más lejano,
aquello que llegando ilumina los sueños,
y descubro que soy de otro tiempo la sombra.[6]
Se regresa al poema como se
regresa a “la vida que ya fue” y al don concedido, como se asiste de nuevo a
las embriagadoras imágenes de un sueño, que está ahí y que se esfuma.
¿Quién ha llegado a este lugar
preciso de los dones?[7]
El poema es un don y es
también amparo y cobijo (“Domingo”). Y “vida recobrada”. “El lenguaje del aire,
las palabras” restituyen lo pasajero en cada verso, son constancia de la
finitud y de la dicha de haber vivido y haber visto. Desde luego, la mirada más
perdurable tiene su lugar y su sentido en el poema: la mirada es más cierta
desde las palabras.[8]
Fuera de la costumbre se detuvo
mirando hacia lo alto donde todo fluía.[9]
En el poema es igualmente
posible asumir menos penosamente nuestra transitoria condición humana. Vivir,
pasar por la vida es “ir hacia fatal destino” y en este pasaje descubrir,
percibir. Quizá sea esta la única forma de estar vivo de verdad, de ser. Al
fin, no somos sino cuanto recordamos, el camino irrepetible.[10]
Tras hacer el camino es cuanto queda.
Lejano el esplendor de un tiempo irrepetible,
traducido a una voz que quiere adelgazarse
en contadas palabras.[11]
La existencia puede
contemplarse como “la pérdida de un bien ya sin retorno” y, sin embargo es tan
“luminoso aquel tiempo”.[12]
Entre la elegía y la celebración, desde la conciencia del tránsito, ante la
vida vivida, frente a la tristeza o la nostalgia, late siempre una decidida
apuesta por la luz. Aunque duele, no se rinde la poeta ante el olvido, ante la
desmemoria.
Nos duele que la luz nos abandone
y pasemos a ser meros escombros,
olvido nada más de la existencia,
lentamente extinguidos en la niebla.[13]
De toda esa niebla se renace
de nuevo en el poema: “Renaces si te nombro”[14].
Y es cierto: el poema es creación y recreación de la realidad. El poema nos
otorga esa aura de eternidad que necesitamos, nos concede la breve eternidad de
las palabras, que pueden salvarnos de la insidiosa inquietud. La luz del poema
llena y alienta las cosas, es la misma luz vital “que la lleva al mercado”, que
la hace sentirse viva. La revelación poética es, en primer lugar, una
revelación vital. La experiencia del poema es algo más que una necesidad:
pertenece a los ámbitos de la devoción, del misterio que ayuda a solventar otro
misterio. La poesía aporta a la vida una clarividencia y una capacidad
inusitada de mirar.
Otro extremo esencial del
prisma poético luminoso de Dionisia
García es la naturaleza. El paisaje es evocación y fuente de vida.
Me ignora este paisaje, pero yo busco en él
la vida tan certera que me daba.[15]
El estremecimiento compartido,
la experiencia consumada de amor por el paisaje y por los campos de su infancia
está presente en toda su obra.
Acudid a esta senda,
y comprobad que existo como el pino doncel
donde grabé mi nombre[16].
La naturaleza ofrece
respuestas, complicidades, cercanías. Las poeta lee la naturaleza como señales
que invitan a la perpetuación del momento, a la recogida del recuerdo. En “De
los árboles”, por ejemplo, la poeta es estela y respiración:
Me acerco más al árbol;
abrazada a su tronco
aproximo los labios
a la corteza húmeda.
Con asombro percibo
que el pino se estremece.[17]
La naturaleza se estremece en
el poema. La mirada estremecida se deja caer sobre el poema. Así, en
“Recordatorios II” la desaparición de la abuela va a coincidir con el florecer
del jazminero. La complicidad es auténtica:
Se fue cuando no estaba. En el patio encalado
anunciaba su flor el jazminero.[18]
También el agua de la fuente,
ese “llanto de la piedra”, esa “licuación del aire”, viene a redimir a la poeta
del desierto, de una sed innombrable.
En esta tarde cálida de junio
me viene a redimir, la necesito
como la sed de un pájaro,
para vencer un tramo de desierto.[19]
Comunión con la naturaleza,
culminación de la vida en todos sus aspectos, redención del alma a través de
las líquidas fuentes del poema y la emoción. La poeta busca en la naturaleza,
en el poema, en la propia mirada a los confidentes de su verdad, a los
compañeros del único viaje posible, a sus cómplices.
“A pesar de las
ruinas”, a pesar del mundo, que está mal hecho, que es cruel, el poema se
presenta como bálsamo y puede ser un refugio y ser púlpito desde el que
denunciar y lamentarse. La poeta se sabe testigo de un mundo que agoniza y se
destruye, pero no se deja llevar por la desolación. La gran ciudad nos aniquila;
los escenarios urbanos de la megalópolis nos condenan a la deshumanización más
tremenda; somos autómatas. A las faldas del Monte Fuji, por ejemplo, los
jóvenes se citan con el suicidio colectivo, aquejados de un “oscuro mal de
soledad y vacío”[20].
Es infame, sí. Pero la poeta es testigo de toda esa infamia y la lleva al poema
para que conste su desagrado. Y son infames las guerras: las guerras perpetuas,
oscuramente urdidas, y esa otra guerra española, que en tantas ocasiones acude
a su poema y que recobra a los desaparecidos, a quienes sufrieron, a quien
padeció los rigores del hambre y la humillación. La guerra es una gran infamia.
También lo es el olvido del tercer mundo: la poeta recuerda esa fotografía en
la que un buitre acecha a un niño desnutrido.
Sobre la tierra seca se mueve un ser escuálido,
apenas puede andar. El buitre espera.[21]
Dionisia es la mensajera que
se entrega con todas sus fuerzas y cae exhausta por traernos la noticia. Nos
trae la desvergüenza de un mundo globalmente injusto. Nos trae la delicadeza de
la luz sobre las hojas de los árboles. Nos trae la constancia imborrable del
recuerdo en el jazminero florecido.
La poeta cumple su palabra.
Esta vez nos enseña a leer las señales ya
mirar bien. Tal vez así hallemos la razón jubilosa de la existencia. Tal
vez así los días sean un regalo inesperado. Gracias.
[1] GARCÍA, Dionisia: El engaño de los días. Tusquets
Editores. Nuevos textos sagrados. Barcelona. 2006
[2] “Acontecer”, pág. 111
[3] GARCÍA, Dionisia: El engaño de los días. Tusquets
Editores. Nuevos textos sagrados. Barcelona. 2006.
[4] “Aún”, op. cit., pág. 45
[5] “La misma pregunta”. Op. cit.,
pág. 47
[6] “Sombra”. Op. cit., pág. 13
[7] “Aliento”,. Op. cit., pág. 89
[8] “Vida recobrada”. Op.cit., pág.
83
[9] “Ante lo inesperado”. Op. cit.,
pág. 155
[10] “Sombra”. Op. cit., pág. 14
[11] “Válida realidad”. Op. cit., pásg.
159.
[12] “Los huertos”. Op. cit., pág. 131
[13] “Canto necesario”. Op. cit., pág.
149
[14] “Renovado encuentro”. Op. cit.,
pág. 49
[15] “Regreso”. Op. cit., pág. 97
[16] Ibidem.
[17] “De los árboles”. Op. cit., pág. 85
[18] “Recordatorios, II”. Op. cit., pág.
93
[19] “Alivio”. Op.cit., pág. 81
[20] “Venían de la joven edad”. Op.
cit., pág. 140
miércoles, 26 de agosto de 2015
VOLVER A VAVILONIA CON JULIÁN CAÑIZARES
1.
VAVILONIA
Parece que se hayan caído las bes, que las haya
limado el desgaste de los tiempos y las ideas hasta esa verticalidad convulsa y
virginal de las uves y que las palabras se hayan convertido en valles, en
vosques vírgenes, en varvarie. Eso, o que en el corazón del diccionario haya
habido una violencia tan grande que los trozos de unas palabras se han metido
en el cuerpo de otras y ahí se han quedado ya, en un nuevo lenguaje extremo. En
Julián Cañizares todo eso es posible. No solo es posible: es necesario. En su
alfarería y en su alquimia hierven las palabras, la inteligencia y la propia
idea de poesía. Es su estilo llevar el lenguaje, el suyo, al límite. Lo último que ha salido de su fiereza visionaria
es La lealtadmantenimiento, dicho y
escrito así, y este es un libro que perdurará.
NACISIENTO
Sólo sí
es la palabra y va hacia la palabra.
Sí como
término de ficcionarios y sueños,
de
estrategias y esquemas sin antágonos.
Sí como
representación ilímite del espacio,
de la
clave entratoria del mundo duélico.
Sólo sí
va hacia la contra y hacia el dolor no,
y se
afirmacciona en la belleza de lo ocurriente.
Exhalar
las cosas términas, los caídos hóndicos,
los
cuáles átonos. Pero sí almacena el óptimo,
acrecienta
el lenguaje ir de los días nuevos,
recoge
las flores caídas a los pies permanentes.
No en vano, este nuevo poemario viene precedido
por una cita rotunda, expeditiva del Ulises
de James Joyce: “Sí”. Incisión vital, afirmación poética. No hay más lealtad ni
más mandamiento que esa necesidad de decir sí a la escritura total, al vuelco
total, al derribo de las conformidades. Yo diría que sí a romper lugares y
esquemas, a poner la casa del poema patas arriba. Sí al ilímite. Es esto lo que
exige, con toda seguridad, su escritura: “Autorretrato que retrata el lenguaje.
Autorretrato que retrata a uno mismo.” Para ello, Julián Cañizares se vale de
un lenguaje difícil. En el epílogo a La lealtadmantenimiento lo explica: “El
lenguaje difícil muestra el estado de
consciencia de la persona que no comprende lo que tiene, por qué lo tiene, qué
respira, o qué lucha sufre. (…) El conflicto interior tiene su propio lenguaje,
y así se muestra.” Es imposible no acordarse de la entrega radical de la mística
o la vanguardia. Pero no vayamos aún tan
lejos.
El muy leal Julián Cañizares Mata (Albacete, 1972) pertenece a esa generación
dispar y transitiva de los que empezaron a publicar hacia muy finales del
milenio pasado. Entre todos, él habita con voluntad los márgenes y vive en las
hendiduras de la poesía y del mundo de la poesía. Lejos y muy cerca, en su Vavilonia
privada. En él se cruzan y se mezclan, como veneros feroces y abundantes de
lejanas y altas procedencias, los distintos lenguajes de la poesía. Cuando
leemos uno de sus libros, asistimos a un
deshielo.
XLI (*)
cogió a
Travis y lo colocó sobre una balanza.
Anotó el
peso con cuidado. Luego encendió a Travis
y se lo
fumó tranquilamente, sin prisa,
con
cuidado de ir depositando las cenizas sobre la misma balanza.
Cuando
hubo terminado colocó a Travis
junto con
esas cenizas y anotó nuevamente el peso. La diferencia
de ambos
pesos es el peso del humo.
El único
valor de Travis es el peso del humo.
Ese humo
que siempre asciende y se pierde y parece que nunca pesa.
(Travis poemas)
Desde su torre –siempre a medio levantar–, divinamente
confundida de idiomas y majestuosa en su inconclusión, mira los humeantes dominios
de la poesía. En sus poemas y en sus palabras, los destinos del lenguaje son –¡por
fin!– la aventura, el tropiezo, el prodigio y la subversión. Libro a libro, se
sume en los ámbitos del buceador, en las simas del espeleólogo sin otra luz, sin
más lealtad que un lenguaje prístino, recién nacido, adánico –como quiso el
Morelli de Rayuela. Sin duda, piensa
que todo poema debe entrañar una rebelión y que cada palabra ha de ser siempre
la primera palabra. Con toda su humildad fascinante, nos lo explica y nos explica que después de escribir un poema
se siente diferente, ya es otro.
BOMBÓN
Si yo
hubiera nacido hace quinientos años
habría
trabajado para el duque de Urbino.
Pero no
aprendí perspectiva. Ni insulté
a los
caballos más prestigiosos. Ahora me conformo
con
esperar a que se acabe el mundo.
Rodeo con
mis brazos toda la ternura,
levanto
la copa y bebo.
Soy un
hazmerreír insensato, lo sé,
pero ayer
mismo pude ver a un hombre sin cabeza
y un gato
llamado Wilson.
Mis pocos
arreglos son exagerados,
cuando
espero pacientemente.
Ahora
pienso que tenía que haberme enamorado
antes de
ser condotiero.
¿Dónde
está el duque de Urbino?
(El hombre sin
cabeza, el gato Wilson y el condotiero Fajardo)
¿Dónde estará ese duque? ¿Dónde estará Urbino
en él? Nosotros, que nos asomamos a sus poemas, miramos desde un vértigo
inesperado en la superficie de esas aguas, en su cartografía íntima, y vemos a
otro siempre. ¿Cómo no? La poesía es su doble forma de vivir, su poliedro iridiscente,
su transformación. La correspondencia arde en el corazón de la imagen. La vida
poética explica cómo son las cosas, cómo pudieron ser. Y cada vida tiene un
verbo: es un relámpago. La consumación de un instante. La consumación de una
tristeza. Su poesía habla del “ya”, aclara, desde una inmediatez y un presente
absoluto que le dan a su arte ese aire prometeico, transitorio, absolutamente
fruto del instante. Paseamos por un instante por el desierto con Sam Shepard,
Maiakovski o Juan de la Cruz, y chascan las botas de cuero sobre el cristal de
la arena, sobre el sinuoso silbido de la serpiente. Es solo ese instante que
nos convierte en otro, que a él lo revela otro, ese otro rimbaudiano que cruje
y es ya otra cosa, con esa naturalidad de lo que no nos pertenece ya. Desde su
atalaya ahogada Paul Celan se remueve. César Vallejo explora el interior de la
tahona. Joan Brossa inicia un nuevo vuelo de palabras.
2.
LEALTAD
Desde la Vavilonia del lenguaje y las
emociones, desde su noble invasión de las fronteras, desde la anexión,
Cañizares prefiere, con gran criterio, las obras a los autores. Dice adiós a
las idolatrías biográficas, a las pseudobohemias de postal, a la anécdota fútil.
Da su clara bienvenida a la razón de ser única del poeta: el poema. En su caso,
el poema que se piensa, que se inquiere, que se roza.
RÍOS
En este mundo de rozaduras, se
lucen los ríos solos.
Ya no son
azules, sino verdes, y rozan el terreno,
que puede ser un valle o una lateral
del cielo,
rozando
oportunamente porque así se gestiona todo.
En este
mundo de rozaduras yo rozo con las manos,
con el
bolígrafo. Y rozo cuando me he vuelto serio,
cuando he
repudiado el interior de una ventana,
en tanto
llueve en alguna parte, o un pájaro come.
Rozo mis
pies en la playa y la playa me roza a mí,
y este
empate técnico se aparece al mundo exterior.
En este
mundo de rozaduras el resto sustituye lo que no ves,
un centro
lleno de superficies que pueden ser cosas.
El pájaro
que no vuela roza el aire, y el pájaro que vuela
también está rozando el aire con las
alas que rozan
al
pájaro, que me roza a mí cuando lo contemplo,
y que yo
rozo lo que vive junto a mis perfiles.
(El llano
en llamas, antología. Fractal 1.0)
Entre sus referentes declarados, Julián prefiere
a abridores de vía como Federico García Lorca, John Ashbery, Walace Stevens,
Lawrence Ferlinghetti, Alvaro de Campos, Carlos Edmundo de Ory o el indomable Juan
García Rodenas, igualmente pánico,
rompedor, freak. Recordemos que con
Juan participó en Tres tipos con gafas,
de la mano editora de Rafa Núñez para Academia de Samotracia. Poetas.
La suya es una obra casi estrictamente poética,
jalonada por títulos como Vavilonia,
editado por la revista literaria Ayvelar
6, en 1997; Travis poemas,
en Diputación de León, en 1999; Los
elementos del clima, revista Aventis, en el fastuoso verano de
1999; El hombre sin cabeza,
el gato Wilson y el condotiero Fajardo, dentro del libro Tres tipos con gafas,
editado por la editorial Academia de Samotracia, en 2001, con Juan García
Rodenas y L. E. Cauqui; Sustituir estar,
en la prodigiosa DVD, 2009; Lugar y Esquema,
para La Isla de Siltolá, 2013. Acaba –hace apenas unos días– de publicar su
último poemario, también en La Isla de Siltolá, La lealtadmantenimiento (2015). Solo recordaré que participó en la
primera edición de Fractal, que estuvo en la antología Generación fanzine de Arturo Tendero y que nos unieron Los deseos y la gran antología de Miguel Casado, Mar interior.
Julián Cañizares reside en Córdoba desde hace
años y ha ido hilvanando una obra poética singular, muy personal al menos, en
apariencia al margen del mainstream.
Y es un poeta del siglo XXI, fanzinero, curioso, entregado y reservado. Ha
dirigido con diligencia, sensatez y riesgo el fanzine Ayvelar. Ha hecho de la
poesía experimentación, de su actitud una disposición terrible a épater le bourgeois. Tiene, en
definitiva, el encanto de lo verdadero.
Por supuesto, cree en los diversos lenguajes de
la poesía, en sus distintas pieles. A esta brillante sucesión de pequeños
éxitos lingüísticos y vitales, a sus conquistas y a sus riesgos llegamos hoy. Como
él, nosotros creeremos que hay un libro suyo, una palabra suya, esperando al
lector a la vuelta de la esquina: este es el gran destino que augura para
ambos, lector y libro. Solo hemos de buscarlo en las cercanías de tanta
inmensidad.
3.
ENTREVISTA
AGC. Leí
Travis Poemas y me quise ir a vivir en ese libro. ¿Quién eras entonces?
J.C.M. Quería escribir. Y quería una expresión
solamente mía. Identidad. Centro. Lugar. Quería tener cierto control sobre mis
alrededores. Quería tener algo que me hiciera comprender para qué sirve vivir.
Y quería algo que me hiciera pasear con la conciencia tranquila. Travis poemas es mi primer libro, con un
pensamiento y una emoción recorriendo, por primera vez, todos los poemas. Un
primer intento de escribir viviendo.
AGC. ¿De
dónde vienes, dónde estás, adónde vas?
J.C.M. Mi poesía es sobre el momento que piensa
en el pasado, y el momento que imagina el futuro. Es un pensamiento y luego una
emoción. El presente. Responder a esas preguntas significa una respuesta nueva
cada poema. O la misma, pero matizada. Lo único seguro es que no las conozco,
afortunadamente para mis poemas. El día que las conozca, espero que no llegue,
tendré que dejar de escribir.
AGC. ¿Cómo
lo haces para publicar en DVD o en La Isla de Siltolá?
J.C.M. Cuando termino un libro, se lo envío a un editor, un editor
que me guste por su catálogo, por su forma de entender la edición de poesía. Y
tanto Sergio Gaspar, en DVD, como Javier Sánchez Menéndez, en La Isla de
Siltolá. han confiado en mis poemas. Asumo y respeto la suerte que he tenido
con ellos.
MADRE
Sólo la madre no es sustituible aunque no esté
Sólo la madre no es sustituible aunque no esté
y los
físicos digan que desaparecen las cosas.
No la
encontraremos en lo alto de la montaña,
debajo
del edificio, en los ojos de un pájaro,
en la
copa de los árboles o en los horizontes.
Tal madre
se escapa a la física, a la
conciencia,
a la
patada que dimos al perro con siete años.
La madre
no es sustituible porque nos enseñó
que no
debíamos cruzar sin mirar. Y miramos
continuamente antes de cruzar el
universo.
A derecha
e izquierda, como los más negativos.
Sólo la
madre no es sustituible, haya vida
donde
haya vida, haya aire donde haya aire.
La madre puede estar en muchas
fotografías,
pero no
se queda en ninguna, porque no entra,
sino que
está fuera, contemplando y meciendo.
La madre
no es como la línea del horizonte,
que tiene lecturas diferentes, según
la lectura.
La madre
viaja en dos asientos, uno es tuyo,
el otro
suyo, y el viaje no es como lo entendemos.
Es el
viaje de la madre, sin opinión de los físicos.
Nunca
hemos querido sustituir a la madre,
se ponga
como se ponga la máquina más dulce,
el
universo más delicado, la sirena más rabiosa.
La madre
no es sustituible, y eso es suficiente.
(Sustituir
estar)
AGC. ¿Qué
es la revolución? ¿Puede ser poética?
J.C.M. Como profesor de Sociales enseño a los
alumnos que revolución es todo
aquello que cambia la vida del ser humano, que marca un antes y un después en
nuestra evolución. Me gusta llevar eso a la poesía, y sí, hay revoluciones. Mi
revolución fue leer Poeta en Nueva York, por ejemplo. Cuando escribo quiero
pensar en revolución. Me parece un
sinónimo de vida. A veces lo consigo, y otras no. Y cuando digo revolución,
digo en la Historia de cada uno de
nosotros. Mi escritura tiene su propia evolución poética. Algunos libros son
“revolucionarios”, y otros son simples continuaciones de libros anteriores,
repetición de patrones, modelos, temas. Naturalmente, “revolución” es un punto
de partida. Necesito escribir creyendo que estoy haciendo en mi poesía un
Neolítico, o una Revolución francesa.
AGC. ¿Cuáles
son tus modelos? ¿Qué tipos de escritores prefieres?
J.C.M. Prefiero hablar de libros. Cuando uno
lee un libro de poemas, su autor sobra. Es cierto que tengo predilección por la
obra de algunos de ellos. Siempre poemas que me sugieran originalidad,
lenguaje, pensamiento, identidad poética.
XX
(RECUERDOS)
los
diarios de Travis han sido encontrados en perfecto estado.
Las letra
es clara, sin faltas de ortografía, margen de dos centímetros
a derecha
e izquierda. Nadie los ha reclamado,
nadie se
ha interesado por ellos. Extraña toda esta incomunicación,
por la
tarde y por la mañana, por la noche y por la calle;
ni
siquiera están dentro de vitrinas o protegidos por una ley secreta.
No hay
oposición alguna y hasta es posible que dejen fotocopiarlos.
Nadie
está tan ocupado como para no poder beberse un vaso de agua.
Sin
embargo, a pesar del buen estado de los diarios de Travis
nadie ha
venido a leerlos; quizá la culpa la tuvo él
por
haberlos escrito con buena letra.
Estamos a
finales de agosto.
(Travis poemas)
AGC. ¿Crees
que hay una estética pop o indie en tus poemas?
J.C.M. Para nada. Tengo un vocabulario muy
limitado. Y sobre todo muy común. Apenas utilizo nombres propios. Por eso el
pop y el indie no me llaman a la hora de escribir. No me encuentro cómodo con
los nombres propios ni con ningún tipo de estética.
SERTE
Respeto
mucho la no belleza,
así como
su dolor de no besar,
su
reestructura de amanecer;
porque
podría estar en su crono,
en su
fleco de biógrafa curva,
su ridículo
inmisterio de no estar.
Transmitir
y transomitir,
según el
instante verídico,
según la
clave intuillorada de sí.
Es clave
de aquisentir el gesto,
y
bosquear sus praderas,
saber los
bloques que flojean
por si,
derrumbados, pesan
sobre la realidad
biográfica.
Puedo
serte, y así se respira.
(La lealtadmantenimiento)
AGC. ¿Crees
que se podría hablar de una tendencia pop, urbana o algo así en la poesía
española contemporánea?
J.C.M. Puede. Veo que es muy diversa, y ahí entran
esas tendencias. Lo normal es que lo pop y lo urbano esté más presente,
sencillamente porque es nuestro significante actual.
AGC. ¿Córdoba?
¿Albacete?
J.C.M. Es como comparar el día de nacimiento
con un día de cumpleaños. Los dos son felices, pero uno es único.
AGC. ¿Qué
traen los jóvenes?
J.C.M. Continuación o revolución. Algunos
repiten modelos y copian a otros poetas, imitan consciente o inconscientemente.
Otros buscan su propia poesía. Y en esa búsqueda añaden frescura, nuevas ideas,
caminos por descubrir. Las dos son opciones válidas, depende de lo que busques.
No significa tampoco que continuación y revolución sean paralelas, porque no
hay que olvidar que todos empezamos imitando. El paso a la identidad es otra
etapa, si existe esa otra etapa. Lo mejor de la juventud es la capacidad de
sorpresa. En la juventud la sorpresa es más “natural”, más coherente. Y,
naturalmente, no hablo de juventud cronológica.
BOSQUE
Raramente me quedo fuera del bosque
cuando quiero entrar en el bosque.
Sustituyo la ausencia y entro por derecho propio.
Fuera del bosque está mi ausencia, pero poco.
Algo queda si pienso en ello. Descanso en un árbol
cuando en el bosque hay árbol, veo al pájaro
cuando en el bosque hay pájaro, toco el río
cuando en el bosque hay río. No siempre hay bosque
en el bosque, pero si decido entrar existe,
con las características que queden o que recuerde.
En la diaria lucha contra el vacío sale esto.
Fuera del bosque hay otros que piensan en mí,
y hay otros bosques, pero yo estoy dentro y soplo.
Como un hilo de humo el bosque no se diluye.
Estoy en lo cierto, estoy en el bosque.
Raramente me quedo fuera del bosque
cuando quiero entrar en el bosque.
(Sustituir estar)
AGC. ¿Qué
literatura contemporánea te gusta y por qué?
J.C.M. Cualquiera que me sorprenda, me divierta
o me emocione. Últimamente, por ejemplo, “Gordo Juan, tienes una voz de
trueno”, “This is your home now”, “Aprendiz”, “Egoclasta”…
AGC. ¿Solo
poesía o lo que caiga en tus manos?
J.C.M. Me gusta leer poesía, novela, relato. No
tengo preferencias. Sólo tengo una norma: un ruso en verano.
AGC. ¿Cuándo
escribes? ¿Cómo?
J.C.M. Normalmente, escribo los libros en poco
más de un mes. Previamente, ha habido mucha anotación de ideas, de palabras, de
poética. Luego escribo muchos poemas de una sentada. Y finalmente, cuando
siento que no hay nada más, pues reviso, corrijo, selecciono. Hasta dar con el
libro definitivo. Mi forma de escribir es más una respuesta a mi necesidad de
escritura, esa manera de aprehender el momento. Escribir durante un periodo
largo confundiría ese momento.
AGC. Tus
libros trazan una geografía propia. ¿Qué tienen en común todos ellos?
J.C.M. Que son mi momento. Como el final de
“Los duelistas”. Esos 2’44’’ últimos de la película son el mejor ejemplo de
momento poético. Al fin y al cabo, la geografía de cada uno son sus palabras, y
los libros no dejan de ser mapas del instante.
AGC. ¿Qué
son tus libros? ¿De dónde sacas los títulos: Sustituir estar, Lugar y Esquema?
J.C.M. Mis libros son yo. Y los títulos son
como me enseñaron en la escuela: síntesis del contenido. Las palabras que han
ido marcando los poemas, que han estado presentes en el tiempo de composición
de los poemas.
AGC. ¿Qué
te parecen los poetas noctámbulos, los bohemios, los que han hecho de su forma
de vivir un poema?
J.C.M. Tienen una forma de entender la emoción
de la escritura distinta. Tienen la pasión como adn. Conciben la vida como ese
poema que escriben.
AGC. Ética
y estética, pedía Jean Paul Sartre. ¿Hacia dónde se inclina la balanza de la
poesía hoy? ¿Qué rumbos debería tomar?
J.C.M. Hoy en día la balanza es insuficiente.
No tiene dos platillos, sino muchos, y así es imposible que la balanza sea
balanza. Afortunadamente. La poesía tiene que coger cualquier rumbo que se
descubra. Pero sobre todo un rumbo pensado, libre. Ya no es tiempo de balanzas.
AGC. ¿Para
qué valen las antologías? ¿Qué hay de bueno y de malo en los festivales?
J.C.M. A nivel poético, no valen para mucho. Sí
a nivel divulgativo, porque dan a conocer. Gracias a ellas yo he descubierto a
muchos poetas. Es una buena base de datos, un punto de partido para la
investigación de nuevos poemas. Los festivales siempre son útiles, por lo que
supone de intercambio de ideas, y porque permiten conocer al poeta, su obra de
una manera más directa. Escuchar en directo a José Manuel Martín Portales, por
ejemplo, es un privilegio.
AGC. ¿De
qué es dueño el poeta? ¿Cuál es el tesoro que busca?
J.C.M. El poeta es dueño de lo que busca en el
poema. Y lo que busca es lo de siempre: conocimiento. Y yo. Mucho yo. No como
centro del mundo, sino como centro mismo del universo. Al fin y al cabo, somos
racionales, no podemos emocionarlo. El poeta simplemente utiliza una forma de
expresión, como cualquier otra. No hablo de egocentrismo en el concepto
“vanidoso” del término. Hablo de que el poema es el verdadero latido consciente
de nuestra idea del todo. El poeta es dueño de ese latido en el momento en que
escribe un poema. El poeta trata de conocer el yo, la belleza, la palabra
singular, el estado permanente de respirar. Cualquier cosa que lo haga yo.
SALIDA DIRECTA AL PAISAJE QUE IMPORTA
Superior nieve sobre un campo desnudo.
Parado el coche, otra vez un vistazo al paisaje
de los zorros invisibles.
Es posible que estén ahí,
pero
yo no los veo.
Detrás del árbol, quizá detrás del otro árbol.
Un término medio exactamente,
ni dentro del asunto ni encima del suelo,
un término medio
sonando
a potencias y lugares.
¿Qué es aquello que se mueve? ¿Es un zorro?
No. Es la presencia invisible,
la
media aritmética de su latido,
el lugar habitado.
Un zorro que, si estuvo, está,
y el árbol sólo te avisa por si quieres sentirlo.
Ya forma parte del paisaje, y de los cambios.
Yo creo en los lugares
que
me has explicado.
Los zorros no estaban en ti,
pero sí estaban en mí.
Y eso es no cambiar nunca pero cambiando.
Salida directa al lugar que importa.
(Lugar y Esquema)
AGC. ¿Qué
pasa en la poesía de Albacete?
J.C.M. Que está de enhorabuena. Hay muchos
poetas, muchos registros, muchas ganas de escribir. Y no es un fenómeno de
ahora, sino que lleva ya tiempo. Iniciativas como Fractal, en los últimos años,
sirven para mostrar esa evidencia. Y años antes las muchas revistas literarias
que se editaban en Albacete, y que servían para escribir, hablar de literatura,
conocer otras maneras poéticas. Hay mucho trabajo detrás, muchos poemas detrás.
Lo que pasa es que ahora es cuando empiezan a aparecer los nombres. Una
sencilla cuestión de justicia poética.
AGC. ¿Qué
te parece el panorama social y político del país?
J.C.M. Tenemos necesidad de honradez política.
Un replanteamiento de algunas instrucciones del juego. Que un montón de malos
políticos y malas costumbres nos dejen en paz (y la justicia ajuste cuentas).
Que la gestión de la política, de la economía y de la cultura esté en buenos
políticos. Nuevos partidos, viejos partidos, y buenos políticos. Ser
conscientes de que estamos en otra “transición”, con una importante necesidad
de reencontrarnos. Como ciudadanos, y como proyecto de una sociedad leal.
Llega un cambio generacional, que necesita otro
modelo político. No en su naturaleza, pero sí en los elementos de esa
naturaleza. Palabras como honradez, igualdad o transparencia han que tener una
presencia indiscutible, no aproximada. Somos una sociedad en progreso. Y
tenemos que seguir creciendo. Este es un buen momento para demostrarlo, y ser
leales con la idea de sociedad presente, no pasada.
4.
EPÍLOGO (HACIA DENTRO)
Este es Julián Cañizares. Un tipo jovial hacia
dentro, discreto. Explota cuando escribe poemas. Explota cuando habla de
poesía. La conversación con él te deja siempre la admirable sensación de estar
aprendiendo. Sorprendido en su voz, en su perspectiva de las cosas, te vas a
casa y abres un libro de poemas. Te vas después de haber estado con un amigo,
sabiendo que las confidencias poéticas son el máximo nivel de lealtad y de
inteligencia. En su doble discreción se mueve, y en ello deja entrever a todo
un animal creativo. Dará que hablar. Lo tenderemos siempre presente. A su lado,
discurrir por el mundo increíble de las palabras es acercarse a lo inexplorado,
esperar a mitad del poema o de la tarde un giro brusco de los acontecimientos
que –delicadamente– te levanta del suelo y te hace volar.
Andrés García Cerdán
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